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Archive for 22 septiembre 2015

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El verano melillense era de largo la mejor época que disfrutábamos desde que llegamos en aquel lejano Febrero a aquella increíble ciudad africana. Mis grandes amigos Pedro y Sergio ya tenían preparados sus respectivos permisos y prácticamente no les vería durante el mes de agosto que se acercaba raudo. Mientras tanto, Julio era una explosión de calor, pero mucho más soportable que el sofocante bochorno de Madrid: los días eran calurosos sin pasarse y las noches frescas y agradables. El tiempo pasaba mucho más rápido que al principio; ya éramos casi “wisas” y  el 3/95 cada vez veía más y más cerca su licencia. Casi todas las noches, después de la retreta, se hizo costumbre ver y sobre todo oír la tradicional “petada” de gorras, en la que en una escala ascendente de 1 a 8 todos compartíamos los meses que llevaban y lo poquito que les quedaba. Nuestros “chaquis” lo observaban con cara de anhelo, esa misma cara que teníamos nosotros apenas tres meses atrás. Ellos estaban pasando lo peor de la mili, pero contaban con la ventaja de que no tendrían que estar el horario completo durante esos primeros meses, lo cual era un punto a favor. Por contra, tendrían que pasar las navidades reventados en el cuartel, algo muy duro para el soldado de reemplazo, aunque a ellos les pillaría de “wisas”. La peor parte se la llevarían los nuevos.

Se puso de moda ya la canción “en estas navidades turrón de Rostrogordo, champán del Gurugú y aquí te quedas tú” así como otros clásicos como “Agua de coco, agua de coco, al wisa le queda poco” o la famosísima “Cuando veas pasar al mesías…”  Obviamente cantadas por este reemplazo a los que todavía nos quedaba algo de mili por pelar. Increíblemente yo ya empezaba a planear lo que iba  a ser mi vida “real” una vez finalizara la experiencia; en Septiembre recibiría la respuesta de la universidad. Había decidido continuar mis estudios y al mismo tiempo, buscaría un trabajo. El horizonte empezaba a dejar vislumbrar algo que se parecía mucho a lo que había dejado atrás. Pronto la mili se acabaría y todo esto no sería más que un recuerdo. El correo que recibía antaño de forma regular cada vez era más y más escalonado. Parece que tanto mis amigos y familia como y mismo, nos habíamos hecho a la idea y ya se había asumido mi marcha sin más. Esas cartas, antes mi único y deseado contacto con mi mundo, pasaron a segundo plano. Ahora mi mundo era ése, por fin me había desenganchado de mi vida real.

Dándole vueltas a todo esto y aún con el anterior permiso reciente, decidí pedir lo que sería mi última solicitud de permiso de la mili antes de la licencia. Mis amigos se iban y no me apetecía pasar días enteros sin ellos, con el riesgo de volver a comerme la cabeza de nuevo… No. No volvería a pasar por ahí. Además, gracias al páter y la colocación estratégica de los días en el calendario, me podía ir tres semanazas a casa, con lo que la mili quedaría tocada de muerte.

Con mi flamante hoja rellena me fui a ver al furri y marcialmente le ofrecí la solicitud, a lo que inmediatamente me contestó que no era posible irse de vacaciones en las fechas solicitadas. El capitán Atienza había cortado los permisos  por falta de personal. Al parecer se había ido tanta gente que nos habíamos quedado en cuadro para esas fechas. Visiblemente molesto, discutí de nuevo con el furri, con el que cada vez me llevaba peor a pesar de ser de mi reemplazo y haber compartido situaciones difíciles. Al final, no sólo me fui sin permiso sino con un servicio de cuartelero para el día siguiente que me jodió sobremanera. Como era ya costumbre , tuve que retrasar de nuevo mis fechas de permiso para varias semanas después lo que tampoco me iba mal. Siguiendo con mis problemas cotidianos, creí oportuno presentarme de nuevo al examen de conducir teórico. Estaba preparado para ello y, sobre todo, harto de las clases que hacía unos meses me insuflaban un poco de aquella anhelada vida civil en mi maltrecha cabeza . De nuevo el pase de horas y de nuevo el paseo hasta el centro de exámenes de Melilla. Esa vez fui de militar, estaba tan harto que ni me molesté en cambiarme, solamente faltaba que me metieran un puro; se estaba fenomenal en Melilla en verano como para pasar unos días arrestado…

Salí de nuevo con la sensación de haber podido hacer más y volví a mi cuartel disfrutando  de las mañanas melillenses de ambiente puramente civil, muy distintas de las otras, cuando la ciudad parecía no querer mezclarse con nosotros, la estirpe maldita del soldado de reemplazo…

Cuando llegó la tarde, no me atrevía a llamar para saber mi nota, si suspendía otra vez tocaba renovar papeles y volver a repetir más y más clases teóricas. Un compañero del 2/96, mi buen amigo y compañero Villafainas, me pidió el teléfono e inmediatamente marcó el número de la autoescuela. Segundos después exclamaba… ¡¡Has aprobado!! Mis amigos me felicitaron inmediatamente de forma estruendosa y entrañable.  El siguiente paso fue llamar a mis padres y novia para comunicar la buena noticia. Esa misma tarde pasé por última vez por  la autoescuela JOCOMA a recoger mis papeles y preparar mis clases prácticas, que empezarían unos días antes de irme de permiso.

En el camino de vuelta al cuartel  volví  a acordarme de Simón. Si nos viera ahora, pensé. Ojalá hubiera aguantado hasta el verano… Comprendí que él ya no volvería a Melilla para  vernos, como dijo el día que se fue, supongo que era mejor así…

 

Foto sacada de WIKIPEDIA

 

 

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