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Archive for 19 marzo 2015

Pues sí, habían pasado muchos, muchos meses desde que escribí mi útimo post.  De hecho ni siquiera entraba en el blog ni miraba los comentarios. Pensé que ya se había acabado esto de contar historias. No obstante, hace poco me dio por entrar y me sorprendí de la cantidad de visitas que he recibido durante todos estos meses y los comentarios sobre mis memorias melillenses. Así que he pensado que, al menos terminaré mi historia por capítulos sobre aquellos increíbles nueve meses en Melilla y, ya veremos, alguna cosilla más caerá.

Muchas gracias a los que habéis comentado alguna vez en este blog y a los que habéis dedicado unos minutos a leer mis “aventuras”

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Vista_desde_Melilla_la_ViejaPor fin había acabado el desfile de las FAS 1996. Los permisos quedaban abiertos para los soldados que, como yo, llevábamos cien días seguidos en Melillla. Aquel lunes, primer día en el que se podían presentar solicitudes de permisos la oficina del furriel estaría hasta arriba. Yo presenté la mía en buena hora gracias a que pude subir cuando mis compañeros estaban en sus respectivos destinos (ventajas de ser oficinista archivero). Era de los primeros, por lo que tenía muchas papeletas de que me las aprobaran. Decidí irme a finales de junio, unas tres semanas después de la solicitud, para que me diera tiempo a buscar billete con tranquilidad. Estaba ansioso por volver a casa, pero a diferencia de los primeros meses, tenía la suficiente paciencia para aguantar un poco y no salir escopetado.

Como tenía precio especial al ser mi padre trabajador de Iberia, todo se reducía a encontrar una buena combinación entre los aviones, pero solamente tenía descuento en los vuelos de Iberia, los de Binter o Paukn Air tenía que pagarlos y costaban una pasta. Además, para el día que había elegido irme (creo que era el 28 de Junio) había muy mala combinación para llegar a Madrid desde Málaga o Almería, por lo que me quedé un poco preocupado. No quería que me pasara lo del permiso de jura, viaje en el que casi me quedo en tierra.

Durante esos días daba gusto pasear por Melilla con mis amigos, disfrutando del sol y de las caminatas por el paseo marítimo hasta el club de tropa, donde tomábamos algo tranquilamente con el mediterráneo de fondo.Algo había cambiado, ahora mi compañero de instituto Antonio, con el que quedaba de vez en cuando me contaba cosas, sensaciones, estados de ánimo que yo ya sentía remotos, a pesar de que nos separaban tres meses nada más. Casi se podía considerar que era un veterano y como tal tocaba animarle . Un día, sentados en la terraza del club de tropa, Pedro, Sergio y yo comentábamos precisamente eso: tirando de calendario y con los días de permiso que nos quedaban por disfrutar, habíamos cumplido prácticamente media mili…

Media mili, pensé. Algo impensable. Estábamos a medio camino de quitarnos de enmedio el trago más amargo que nos habían puesto hasta esa época. Pedro aguantaba estoicamente hasta agosto, mes en el que había decidido irse de permiso, al igual que Sergio. De hecho Sergio dijo solemnemente:”el mes que viene puedo decir que el mes que viene me voy de permiso”. Esa demoledora frase demostraba las ganas que teníamos de irnos. Lo decía completamente en serio y aguantó el cachondeo general que hicimos al escucharla.

Un día  en el que estaba en mi oficina-cantina , apareció Eduardo Javier, el “Monaguillo” titular de la capilla castrense.Después de sorprenderse con la que me había montado el Brigada , me dijo ilusionado. ” Me voy de permiso dentro de una semana, voy a necesitar que me sustituyas…”

Me llevé una gran impresión. Creí que eso se había quedado en punto muerto, pero al final cumplieron su palabra, como siempre,  y en breve sería “monaguillo” suplente de la capilla castrense de Melilla. Me dijo que me reclamarían unos días antes para enseñarme todo el tinglado, por lo que dejaría la vida castrense durante casi dos semanas. Entonces hice algo que no pensaba que haría jamás: Hablé con el furri y anulé el permiso, ya haría otra solicitud cuando pasara la temporada en la iglesia. Una sensación extraña me invadió: ¿Y si no sabía defenderme en esos ambientes? Él no estaría allí, sería yo y solamente yo el que tendría que salir airoso de esa situación. Se me vino a la cabeza decir que no, pero se había portado fenomenalmente bien conmigo y no podía hacerle eso ahora. Me alegré mucho por él y le dije que cuando quisiera bajaría encantado.

La mili no dejaba de sorprenderme. ¿Yo monaguillo? Madre mía, con las ganas que tenía de irme de permiso.

Pensaba en todas esas cosas en la formación nocturna de retreta cuando de repente…

-¡Santos, Cocina para mañana!

Joder, otra cocina, todavía tenía pánico de acordarme de las anteriores, pero bueno, pensé que se pase rápido que me queda poco para irme, perdón, como decíamos los veteranos, ausentarme, ya que tendría que volver de nuevo a esta cuartel dentro de ese otro cuartel que era Melilla.

 

P.D. Este post va dedicado a todos los que me habéis pedido que termine la aventura por capítulos de mi mili, que se ha convertido poco a poco en también la vuestra, muchas gracias. Esta foto tan increíble de Melilla la he sacado de la Wikipedia

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