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Archive for 17 agosto 2014

179702_558713920847684_1494203310_nEl mes de Junio entró por todo lo alto: un tiempo magnífico, calorcete por la mañana y fresquito por la noche, se adueñó del clima melillense y ya prácticamente no lo abandonó hasta casi el final de la aventura.  Junio era el mes crucial: una vez terminado el desfile podría largarme a casa nueve días. Cuando llegara el momento habría pasado cien días seguidos en Melilla, cien días de servicios constantes, puteos, ratas y demás lindezas africanas. A pesar de que seguíamos con la  misma ropa de cama desde el final de la UIR, de que la comida  seguía siendo infame y lo anteriormente expuesto, la vida en el cuartel se había, digamos “estabilizado”. Atrás había quedado Simón, el hospital militar, la anulación de permisos, robomoro… Echábamos la vista atrás y aquellos infernales primeros meses post UIR parecían una de esas pesadillas en las que despiertas y las puedes recordar durante mucho tiempo…

Nosotros seguíamos nuestra ahora rutinaria vida acostumbrados y adaptados al día a día militroncho.  Ahora ya solamente nos poníamos tristes  cuando recibíamos cartas de nuestra familia o amigos de la península.

Yo desconectaba del ambiente militar en la autoescuela JOCOMA  donde mi mente trabajaba en algo que no era de color caqui y podía estar con gente que nada tenía que ver con el ejército (todo un alivio) y así pasaron los primeros días de Junio hasta el esperado día “D”.

El día del desfile estaba muy próximo y solamente habíamos practicado un día en Rostrogordo. pero como íbamos en los camiones,no había problema, solamente con el CETME en “presenten” y a esperar a que se terminara…

Recuerdo que era sábado.  A primera hora nos sacaron en los camiones y bajamos la carretera de Cabrerizas en dirección a la avenida Juan Carlos I. Toda Melilla estaba engalanada con banderitas rojigualdas. En aquella época el ejército y la patria era una parte importantísima de la ciudad. Por todas partes había militares con el uniforme de bonito acompañados por sus familias , podían verse de todos los cuerpos aunque como siempre, los más vistosos eran los regulares y los legionarios.

Hasta que comenzara el desfile debíamos estar esperando en una de las calles aledañas al principio de la avenida y allí estábamos junto con los de la  AALOG 24. Un montón de militares vestidos como si a la guerra nos fuéramos: Chaleco antifragmentos, casco, trinchas con cargadores en los compartimentos… Habría sido un espectáculo de marcialidad si no fuera porque todos acabamos en un bar tomándonos un café con nuestros compañeros. Para más cachondeo, ese bar era el bar ” la Paz” o “paz” y era bastante cómico ver a los soldados ataviados para el combate con los CETMES en el hombro en un sitio tan “pacífico”, algunos nos lamentábamos de no tener a mano nuestras cámaras de fotos.

 

Por fin, se nos dio la orden de subir a los camiones y ponernos en nuestras posiciones. Los camiones arrancaron y nos colocamos en posición para “desfilar” después de los mastodontes de la AALOG, que al ser un grupo logístico iban con camiones cisterna y cosas así.

El sargento ordenó el “presenten” y nos “recomendó” que miráramos hacia arriba, el que no cumpliera sería convenientemente “matizado”.

Yo lo único que quería era terminar y pensar en mi permiso, para lo cual cumplí como el mejor ya que no podía consentir que me quitaran el permiso de nuevo por un estúpido arresto.

Puse el “presenten” y mi cabeza en ángulo de 45 grados, así cuando nuestro camión enfilaba la avenida solamente veía las filas superiores de los edificios modernistas  que flanqueaban nuestro camino. Desde mi sitio, alucinaba con cuánta gente estaba en las terrazas adornadas por la bandera de España, saludando y gritando y ,a pesar de que no debía, me salió una sonrisa estúpida.  Mucho habíamos pasado hasta este día, casi no habíamos ensayado y aún así estaba saliendo fenomenal o esa era mi sensación ya que no moví la cabeza en todo el trayecto, pero los gritos de ánimo de la gente y los saludos,  absurdamente me infundieron una extraña alegría. Me sentí extrañamente contento de estar allí participando en un evento que, aunque no iba con mi forma de ver las cosas, me gustaba. Era la misma sensación de la jura de bandera, estábamos allí para esto y lo hicimos bien.

LLegamos a la plaza de España entre vítores al ejército y gritos de “Viva España” . En la gran rotonda que se encontraba allí y al lado del palco donde las autoridades se sentaban en aquella grada construida por los compañeros de nuestra nave (lo que el primero Reboul llamaba el “amasijo de hierros retorcidos” ) giramos a la derecha y nos dirigimos de vuelta a nuestro cuartel. De fondo se oía la marcha de la legión que,  sus ciento y pico pasos por segundo desfilaban en ese momento por la avenida.  Los siguientes eran los regulares, el cuerpo que con su espectacular uniforme con capa blanca y paso lento dio como colofón el final del desfile DIFAS 1996.

Una vez de vuelta al cuartel, dejamos las cosas y vestidos de paisano volvimos a la avenida a continuar nuestra vida castrense, ese día fuimos al bar “PISCIS” a comernos los increíbles bocatas de pinchito melillense. Mientras charlaba con mis amigos pensaba en que lo primero que haría el lunes sería preparar mi solicitud de permiso y buscar vuelos a casa.  Ahora el permiso estaba muy, muy cerca…

 

P.D. Esta foto la encontré en el foro “la mili en Melilla”,  mili-en-melilla.forogratis.es/ un foro muy recomendable para recordar cuando fuimos soldados.

 

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