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Archive for 17 noviembre 2012

Había quedado  resuelto el tema del destino, por fin. Parecía que todo entraría en una normalidad cuartelaria  en la que aún me quedaba todo por pasar, concretamente esa noche me tocaba imaginaria. En la U.I.R. no pude hacer ninguna pues el día que me tocó me puse malo. Aquella sería la primera que me tocaba en la mili. Una imaginaria es una guardia de dos horas en el barracón por la noche:se dividían las ocho horas desde el toque de silencio  (a las 23:00 horas) hasta diana, (las 7:00) en cuatro partes y tenías que ir “patrullando” vigilando que todo estuviera en orden. La primera y la última eran relativamente cómodas en teoría ya que te permitían dormir unas seis horas seguidas, pero la segunda y la tercera eran bastante peores al dividirte la noche de sueño en dos partes desiguales.

Yo estaba muy nervioso aquella noche. Aunque me había tocado la primera imaginaria, me sentía sumamente inseguro pues “radio macuto” (como se llamaba a los rumores cuartelarios, raramente fundados y raramente ciertos) comentaba que  si entraba un mando durante una inspección sorpresa y encontraba algo raro en el barracón, el  imaginaria podía darse por “matizado” (jodido, vaya).

A las 23:00 me tocó gritar el famoso “¡¡compañía ,  Silencio !! que acompañaba el apagón de las luces y el encendido de los aparatos anti mosquitos.  Dichos aparatos eran cuadrados, grandes  y brillaban con  un color rojo tenue que le daba un aspecto extrañamente mortecino a nuestro “hogar” .

En seguida me puse a patrullar, dispuesto a dejar el pabellón bien alto.  Lo malo es que allí no había casi nadie descansando. Me encontré un ejército de siluetas negras en ese fondo rojizo que se movían, gritaban, se levantaban, se reían… de todo.

Me acojoné, tengo que decirlo. Yo cuando tocaban silencio en seguida me dormía y no me enteraba de la activa vida nocturna de nuestro barracón. En segundos, toda la cohorte de marroneros se levantaron y se fueron derechos a los baños a consumir de todo. Yo poniendo cara de póker seguí patrullando como si no hubiera visto nada. Al doblar la esquina y enfilar la segunda hilera de literas, me encontré a un compañero, semilevantado en la cama, con la cabeza gacha  como si estuviera enfermo o algo peor. Me fui hacia él para preguntarle:

-¿Te encuentras bien, estás enfermo, quieres que te acompañe a botiquín?

-Vete a tomar por culo-me dijo solemnemente.

Flipando, me alejé de allí  mirando el reloj, deseando que llegara la una de la madrugada. Si la vida cuartelaria de día era un infierno, la nocturna era aún peor.

Poco a poco el silencio se fue haciendo dueño de la situación. Yo me quedé en la parte de la hilera de mi litera, en territorio conocido esperando mi hora ya pasando de todo y deseando que no se desmandara el tema más de lo necesario. Pocos minutos después el silencio solamente era roto por la sinfonía de ronquidos en do mayor y el chasquido de algún insecto chamuscándose en el antimosquitos.  Estaba muy cansado y asustado, el sueño me invadía y se me cerraban los ojos , así que decidí hacer una “ronda” . Observé la compañía lentamente: cuatro enormes hileras de literas metálicas escoltadas por sus correspondientes taquillas me esperaban. Observé los pasillos con asombro y un poco de asco: estaban plagados de restos de comida, bolsas de gusanitos y similares, botes de refresco…  Era un espectáculo de auténtica grima, lo que confirmaba que vivíamos entre mierda. Decidí continuar andando un poco resignado. Un ruido a mi espalda me sobresaltó. Apenas había sido un roce rápido en el suelo, muy cerca de mí. Me quedé cosa de un minuto observando en silencio. Los ronquidos eran lo único que se escuchaba en ese momento. No le dí mayor importancia y terminé la ronda.

Cuando quedaban diez minutos desperté a mi “sucesor” y me fui a la cama derechito.  Pensé en el ruido que había escuchado. Esperaba que no fuera lo que imaginaba, lo deseaba fervientemente.

Días después conocimos a “willy”… Si quereis saber quién era, acceded al link de debajo.

https://rinconfilin.wordpress.com/2008/10/31/liberad-a-willy/

P.D. Por cierto, la foto de arriba es el estado actual de mi barracón de verdad durante aquella inolvidable época de 1996 en el cuartel de Santiago.

Filín de Rusadir 2012

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El tiempo se detuvo en Melilla. Los días parecían siglos. Yo continuaba anclado en el destino de los  “sin destino” y pasaba las mañanas con sus  tardes por la compañia y alrededores. El cuartel de Santiago se había convertido en mi cárcel y yo no era más que un pobre recluso que no sabía lo que le iba a deparar el destino ya no en los próximos días, sino el las próximas horas. El nuevo grupo de amigos había tenido una gran baja: Pedro (Pere) estaba a punto de irse a casetas de la playa y apenas nos quedábamos Simón y Sergio. En la mili en Melilla  los amigos lo son todo, para mí eran lo único que merecía la pena y la pérdida de uno era un golpe muy duro. Ya había “perdido” a Jose, a Juan, a Ángel y Javi,   la de Pedro significaba  la desintegración total del grupo de la U.I.R. .

Yo estaba visiblemente jodido mentalmente, anímicamente y es muy probable que estuviera rozando el estado depresivo. Intentaba mantener mi mente ocupada con los libros que me había metido en la mochila en mi casa, pero era incapaz de seguir el hilo de nada.

Al terminar una de esas mañanas, esperaba en las escaleras  que se encontraban pegadas al barracón a Simón para irnos a comer. Apareció mi amigo con una expresión rara.

– ¿qué te pasa?-le pregunté.

-Este destino es un infierno. Me paso todos  los días solo casi a oscuras en un cuarto oculto lleno de mierda, no puedo más, esto no hay quién lo aguante.

Apenas conocía a Simón aunque ya nos podíamos considerar buenos amigos, pero su expresión era de auténtico sufrimiento. Supongo que yo me veía reflejado en él y me dio un poco de miedo.

A mí su destino me parecía un chollo. Oculto en una oficina que casi nadie conocía sin tener que rendir cuentas apenas a nadie, con tiempo para estudiar, leer o lo que quisieras… Además era  fijo, nada de estar en el “limbo”.  Intenté hacerle ver que tenía un buen destino, él apenas contestaba pero aceptaba  y los días seguirían pasando igual, lentísimos, grises, sin futuro. Pasábamos las tardes tomando café en los bares que tuvieran más aspecto de “civiles”, necesitábamos desconectar del ambiente militar al precio que fuera y apurábamos los tiempos de regreso al cuartel al máximo. Al poco empecé a notar un cambio de forma de ser en mi amigo. Comenzó a gastar muchísimo dinero en llamadas a su casa. Podíamos estar horas pegados a una cabina y al día siguiente volver con un buen montón de monedas de cien pesetas.  Su carácter se había agriado mucho y hablaba de todo con una gran violencia y negatividad.Una mañana me lo encontré saliendo de las oficinas: había ido a hablar con el capitán para decirle que le cambiara de destino. No sé qué le diría ni cómo se lo había tomado el capitán, pero le cambiaron el destino a cocheras. Sería  conductor de algún mando.

Le propuse una cosa a la desesperada. Reconozco que en parte fue motivada por mi propio sufrimiento, pero si salía bien, saldríamos ambos ganando: nos iríamos los dos a hablar con el capitán e intentaríamos que yo “heredara” su puesto. De esta forma yo saldría  del limbo y se cubriría la plaza libre en archivos, ya que  él iría definitivamente a cocheras.

Pocos minutos después yo estaba como un flan explicando mi “plan” al capitán que me miraba con cara de “éste me la quiere colar”. Se quedó unos segundos  pensando y dijo… “de acuerdo, tú irás a los archivos, y ahora fuera los dos inmediatamente”. Ahora era yo el encargado de los archivos, era, por fin, mi destino definitivo.

Al salir  vimos a Pedro que entraba también a las oficinas. Nos saludamos y me dijo “vengo a renunciar a mi puesto de casetas de la playa”. Tampoco podía estar tan lejos de sus amigos y , según él se “amariconaría”. Casetas era un puesto codiciado por muchos y el capitán accedío a cambiarlo. Por suerte, a Pedro le destinaron en las oficinas, al lado mío y lo más importante, volvía al grupo de amigos. Parecía que las cosas estaban enderezándose, cómo iba yo    a saber lo que se avecinaba…

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Sí. “El pintor de batallitas” ha dejado de existir. Aunque me encantaba el título, ese “homenaje” a Pérez Reverte no me terminaba de gustar. Si algo he querido del blog es que fuera lo más auténtico posible.No me importa poner títulos famosos a los post homenajeando ciertas canciones o películas (“atraco a las … 6” por ejemplo), pero puede dar la impresión de que “El pintor de batallitas” plagia el título modificando levemente el de un escritor de fama (uno de mis predilectos, por cierto).

Realmente me da mucha pena porque  transmite la esencia pura del blog: Alguien que describre sus “aventuras” como si pintando un cuadro se tratara, pero bueno, quién sabe…

“El camino de Saknussemm” es otro homenaje, si. Esta vez a mi autor favorito de todos los tiempos: Julio Verne (Viaje al centro de la tierra). De esta forma enfoco el blog como una senda fantástica, llena de “Peligros”, aventuras y en definitiva, historias que contar como si de un viaje se tratara. Espero que los lectores (impresionante respuesta, por cierto. Muchísimas gracias a todos) puedan meterse en la piel del profesor Lidenbrock  y caminar por la senda que una vez fue transitada por alguien que  desea compartir sus experiencias.

Espero tener lista una nueva historia en breve.

Un afectuoso saludo a todos

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