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Archive for 19 noviembre 2011

Bajé del avión a paso lento, mirando todo de un lado a otro como el que viaja a un sitio completamente nuevo y en él se encuentran las mayores maravillas del mundo. Sin embargo no era sino Madrid, aquel Madrid que me conocía de cabo a rabo, observé la cruz blanca que está en Paracuellos, el pueblo de Barajas que se encuentra tan cerca del aeropuerto, la terminal, el resto de los aviones…

No había rastro del monte Gurugú, ni tampoco había musulmanes. Ni un solo uniforme militar a la vista, era como si hubiera despertado de un sueño, de un mal sueño.

Solamente el pesado petate me recordaba que había algo que no cuadraba, ese maldito bulto me decía que no estaba allí para quedarme, sino que en una semana volvería a ese mismo aeropuerto, esta vez de manera no tan feliz.

Esa sensación extraña me acompañó durante todo el permiso de jura. No obstante, cuando a lo lejos vi  a mi padre y a mi hermana que me esperaban para llegar a casa, casi conseguí quitármela de enmedio.

– ¡Hola soldado! dijo mi padre, medio en broma mientras mi hermana flipaba con la pinta que llevaba y el aspecto físico con el que volví…

Había adelgazado varios kilos, me encontraba enfermo y unas negras ojeras contorneaban mis ojos. En el cuartel, aunque lo había notado no le dí importancia, el físico no es una cosa de la que preocuparte en la mili, pero al llegar a casa…  la ropa me quedaba grande, tosía como un carretero, la cabeza me dolía y una expresión rara en mi rostro se instaló durante el permiso de jura.

Cuando la puerta se abrió , parecía que había llegado a Beverly hills, toda mi casa y en especial el cuarto de baño se me hacían  sacados de un reportaje de esos estúpidos programas de cotilleo en el que el rico de turno cobra pasta por enseñar su mansión.

Al verme mi madre, inmediatamente se dio cuenta (las madres lo saben todo de sus hijos), y lo primero que hizo fue ponerme un plato de lentejas de tamaño descomunal. Lo siguiente fue obligarme a ir al médico, pero no a ese matasanos militar que te dopaba con antigripales, sino a uno civil, uno de verdad. Le dije que iría, pero al día siguiente (En esa época no había tantos problemas de citas con la sanidad como ahora) después de comer iría a ver a mi novia, por supuesto.

Mi novia, al verme se quedó a cuadros, me dijo que, al abrazarme, antes de irme a Melilla, no me abarcaba y ahora sí que podía hacerlo.

Dimos una vuelta por su barrio tranquilamente, no paré de hablar (bastante mal por cierto) de la mili, de Melilla y de todo lo referente a ellos.

Serían poco más de las ocho de la tarde cuando empezé a encontrarme mal. Me sentía totalmente agotado, había sido un día durísimo, llevaba desde las seis menos cuarto despierto, después de la extenuante jura y de la horrorosa cocina que vino después, mi cuerpo había dicho “basta”. Me fui a casa tan fastidiado que cené algo rápido y me fui a la cama.

Casi doce horas después me desperté. Mi catarro se había convertido en algo brutal, incluso con fiebre, pero me decidí a continuar este permiso y exprimirlo hasta el último segundo. Me fui disparado al médico que al verme, se quedó a cuadros con el pedazo de catarro que traía, me atiborró a recetas y, al salir me fui a ver a mis amigos.

Mis amigos de toda la vida. Volvía a estar con ellos como si nada hubiera pasado, contaba anécdotas hasta decir basta, que mis amigos oían estoicamente, algunos preparándose para lo que se les venía encima.

Los días empezaron a pasar rutinariamente, disfrutando hasta de lo que antes habría sido una pérdida de tiempo. Cuando el cuarto día pasó, una sombra empezó a surcarme el rostro, ¿cuánto quedaba para irme? ¿tan poco? ¿por qué tenía que volver al infierno…?

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¡¡ CENTENARIO !!

Increíble pero cierto. Con ésta son ya cien entradas en el blog.

Cien trocitos de tiempo, cien experiencias pasadas hace ya mucho.Cien cuentos, cien cosas sin importancia, cien cosas imprescindibles, cien partes de mí, cien partes de vosotros…

Casi nunca releo los posts, aunque sé que debería para corregir algunas cosillas que me dejo por ahí ( al ser totalmente improvisados y escritos  del tirón tienen muchos defectos tanto formales como de narración).

Sin embargo, cuando me he dado cuenta de que éste era el post centenario (no lo tenía planeado), no he podido resistir la tentación de hacer un nuevo alto y echar la vista atrás. He leído todos los títulos de las  entradas. Inmediatamente han venido a mi mente los contenidos, las historias que consideré en su momento que eran válidas para compartir con la gente que estuvo conmigo en aquellos lejanos momentos. Salvo honrosas excepciones ( el gran Klurosu sobre todo), muy poca gente mostró interés en recordar esas experiencias. Eso me desanimó mucho porque al principio, empecé a escribir para mí. No era sino una forma de no olvidar todas esas cosillas entrañables que corren el peligro de ser aplastadas por la maldita vida “de mayores”. Pero tenía la esperanza de que, de la misma forma que me gustaba volver a aquellos momentos,   a las personas con las que los compartí, también les picaría el gusanillo de la nostalgia.

En general no fue así pero, curiosamente comenzaron a dispararse las visitas hasta llegar a las 22.o0o a día de hoy. Gente de muchos lugares sentían identificados con muchas de mis entradas convirtiéndolas en casi familiares a pesar de no tener nada en común. Así, “EL PINTOR DE BATALLITAS” subió más de 13.000 puestos en el ránkig WIKIO en apenas unos pocos meses.

De todas formas, mi mayor satisfacción cuando me pongo a escribir es saber que esas batallitas quedan “en conserva” para que cualquiera pueda consumirlas en cualquier momento. Bueno va, lo reconozco, y también para volver a jugar  al fútbol en “el techo” o echar unas partiditas al Spectrum, o quizá jugar al “imperio cobra”. Tal vez sea para volver a mi barrio de hace veinte años para estar con mis amigos de toda la vida, pero no mucho porque he de ir a clase…La del KAPUR  con Don Ángel o de los salesianos con todos mis profes curas. A lo mejor lo hago para hacer la mili en Melilla, para jugar al fútbol en el AMPHÍPOLIS o para pasar una tarde de cine o de videoclub en compañia de mis  amigos.

O lo mismo es que intentando  escapar del Tic tac del cocodrilo,  Peter Pan, medio calvo, con barriguilla y arrugas, se ha dado cuenta de que es casi cuarentón…

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