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Archive for 20 agosto 2011

LA PRÓXIMA ESTACIÓN

 

Después de siete años y medio de viaje ininterrumpido , el autobús  paró su marcha apenas unos minutos en la estación de destino para permitirle bajar.

Cansado, observó cómo se alejaba poco a poco hasta que se convirtió en un punto diminuto en el horizonte.  Se sentó en el primer banco que encontró a esperar el siguiente, aquel que se parecía tanto al que perdió hace tiempo.

Se sentía extraño… ¿acaso no era eso lo que había querido? ¿acaso no había sido él mismo el que apretó el botón de parada? Era una  sensación agridulce: estaba contento por abandonar el viaje a la deriva de un autobús en el que la gente caía al menor bache,  empujada por un conductor que no pensaba más que en aligerar peso, en un vano esfuerzo por encontrar un rumbo correcto.

Entonces, ¿por qué también se sentía triste?  Pensó que quizá porque habían sido muchos años hombro con hombro con tanta gente a su lado peleando por no caerse en marcha. Dando un suspiro, deseó que les fuera bien a todos los que habían compartido con él tantas curvas, tantos empujones para sacar al autobús del barro en el que tantas veces voluntaria o involuntariamente se metía el conductor.

Un pitido le sacó de su pensamiento. Miró hacia su izquierda y, a lo lejos observó una luz que  se hacía poco a poco más grande.

Había llegado la hora, recogió sus cosas y se acercó al borde del andén. El nuevo autobús lucía nuevo, brillante.  Sabía que el destino era igual de incierto que en el otro, pero había que intentarlo. Ahora le tocaba empujar éste y no le cabía ninguna duda de que iba a hacerlo con la misma fuerza que con el anterior.

Tuvo un amable recuerdo para toda la gente que fueron sus amigos y de un salto se subió al nuevo.

Quién sabe, pensó, lo mismo nos vemos en la próxima estación…

 

 

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