Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 28 abril 2011


Bueno, pues he decidido colgar  mis botas de cuentista y  subir a la red mis tres cuentos.  No son buenos, pero me costó mucho escribirlos.  Se han presentado a varios certámenes sin cosechar éxito ninguno. A pesar de todo, los tengo mucho cariño y los quiero compartir con quien quiera pasar un ratito leyendo.

Echadles un vistazo y comentadlos aunque sea para ponerme a parir. Partid del  hecho de que yo mismo creo que son muy mejorables, por lo que no espereis un bestseller.

http://www.megaupload.com/?d=BVNGTC0B

Este archivo consta de tres cuentos:

– “Noviembre del 36″.  Una pequeña vuelta por la batalla de madrid durante la guerra civil española.  Quise darle al final un toque antibelicista contrario a cualquier guerra, especialmente las civiles, en las que se enfrentan a muerte incluso hermanos.

– ” La estación”. Un cuento sobre la frustración existencial. La frustración, en general, se produce cuando no se logra lo que se ansía, pero intenté darle una vuelta: ¿Qué pasa si consigues lo que ansías, lo que te ha costado media vida y te das cuenta de que no te gusta…?

– “La promesa”. La inspiración de este microcuento me vino en uno de mis múltiples viajes de trabajo a Toledo. Una revisitación de los cuentos clásicos victorianos (más bien un intento).

Y colorín colorado, este cuentista se ha acabado.   Volveremos a las cositas del blog cuando tenga un rato.

Read Full Post »

Aunque no es un tema objeto del blog, no puedo resistirme a publicar una pequeña reseña del disco debut del grupo malagueño LA QUINTA DEL SORDO.

Me consta que ha costado mucho esfuerzo llegar a lo que al final ha sido “MMXXI”, un álbum con 8 canciones que, sonando actuales , beben de fuentes clásicas del rock, blues e incluso jazz.

Toda la producción se ha realizado con software libre y el disco se ha publicado con licencia CREATIVE COMMONS, por lo que puede ser descargado libremente sin que la SGAE nos busque para sacarnos los cuartos vilmente.

Lo llevo en el coche y cuanto más lo oigo más descubro pequeños detalles que se me habían pasado anteriormente. Riffs y dejes a lo Hendrix y Vaughan caminan a sus anchas por las pistas del cd, un excelente teclado complementa a la guitarra en solos y cumple a la perfección en  las partes rítmicas, junto a un muy solvente bajo y una batería que suena en primera línea de combate.La  voz de rockero del sur suena limpia excepto en los momentos que el tema exige desgarrarla, claro.

Las críticas recibidas en JAMENDO han sido excelentes, algo que sin duda es motivador para futuras producciones y conciertos.

Lo único que le falta es el temita aquel que tenemos pendiente, pero bueno, supongo que caerá ( ¿quizá habrá un “MMXXI, con bonustrack?).

Podeis disfrutarlo en JAMENDO o en su web  http://laquintadelsordo.com/

Un abrazo Jose, te ha quedado “perita”.

Read Full Post »

Ya llevábamos algunas semanas en Melilla. Aún quedaban un par más o menos para la jura. Dos semanitas para volver a casa. Yo, como muchos más, deseábamos con todas nuestras fuerzas escapar de allí aunque fueran 7 días. Ese mes de Febrero-Marzo de 1996 estaba siendo el más largo de nuestras vidas.  Integrarnos en este mundo de pesadilla estaba siendo muy duro, pero entre todos lo estábamos sacando adelante. Perdía peso con mucha rapidez y unas ojeras negras se instalaron en mi cara con intención de quedarse mucho tiempo. Todo ello unido al frío matinal de febrero durante la instrucción y las corrientes que pululaban a sus anchas en el barracón, hicieron que pillara un trancazo que me acompañó durante el resto de la U.I.R. y posteriores semanas. Para paliarlo, cada pocos días entraba en botiquín y conseguía antigripales del ejército. Esas pastillas levantaban a un muerto, y aunque estuve realmente mal, no me perdí ni una de las sorpresas que nos deparaba la mili.

Nuestra aclimatación  a la ciudad ya era prácticamente completa. Nos sentíamos auténticos melillenses, conocíamos los lugares más importantes de la ciudad y no seguíamos los caminos más usuales de los soldados (100 pipers, etc). Nuestras tardes y descansos se reducían a, sobre todo, llevar una vida lo más civil posible y a, curioso para mí, tomar café, mucho café y comer chocolate, mucho chocolate.

Quizá el cuerpo nos lo pedía  para pasar este trago, no lo sé.  Yo no tomo café nunca y durante esos nueve meses lo tomé en casi todas sus variantes, siendo  el café bombón lo que más me gustaba.  Nos recorrimos multitud de cafeterías en las que tuvieran unas mesas para sentarnos largo y tendido y unos buenos cuartos de baño, dados los problemas que había en el barracón.

También descubrimos una de las cosas buenas de Melilla durante ese tiempo: el té. En Melilla se tomaba un delicioso té de hierbabuena y menta. Incontables fueron los momentos de tranquilidad alejada del mundo militar tomando un té o un café, con la mente en la penínusula o “peni” como se le llamaba.

Durante uno de esos descansos con mis inseparables amigos, oímos mucho griterío que provenía de la calle. Algo pasaba, algo gordo. Una vez más, Melilla conseguía sorprendernos con incidentes más propios de la franja de Gaza que de la España de finales de Siglo XX.

Pudimos ver cómo la calle se llenaba de personajes estrafalarios con barba de chivo, pelo rapado y mucha mala hostia.  Casi todos llevaban camisetas con el símbolo de la legión, estaba claro, eran legionarios de paisano. Bajaban del tercio y entraban a saco a la ciudad. Pocos minutos después oímos multitud de sirenas. No eran de la policía civil sino de la militar que bajaba a toda leche buscando soldados por las calles para ordenarles subir al cuartel. Había que volver a toda prisa por orden del General. Toque de queda para todo el mundo.

Acongojados volvimos en tiempo récord intentando averiguar qué sucedía. Al parecer, unos moros habían matado a un legionario y sus compañeros habían bajado haciendo honor a su “credo” y montando la de Dios en la zona moruna, destrozando cafetines  y pegando a diestro y siniestro.  Con esa mal entendida amistad, bajaban los que eran sus compañeros y los que no, haciendo que fueran cientos los integrantes de esa panda. Se llegó a rumorear incluso que la orden surgió de un mando al que luego empaquetaron.

A nosotros nos reunieron en nuestra compañía y nos comentaron lo de siempre: No pasaba nada, pero durante dos días no se podía bajar a la ciudad.  Los que tuvieran que salir de forma urgente, serían llevados y escoltados por la policía militar.

Lo increíble era que una cosa tan importante como aquella no se vió reflejada en los medios. Cuando se lo conté a mis padres, no sabían nada, nada en las noticias, ni en Madrid ni en las ciudades donde vivían mis compañeros. Una vez más podíamos comprobar que esto era otro mundo, un mundo raro y hostil apartado de la realidad que habíamos disfrutado hasta entonces.

Hubo miedo durante esos dos días, pero una vez pasados, todo volvió a la normalidad, si es que se le podía llamar así, porque los mandos volvían a insistir en lo de no pasear solos por Melilla ni frecuentar sitios oscuros o cosas similares. Creo que nunca tuvimos tantas ganas de escapar de allí e incluso varios compañeros fueron a la oficina del defensor del soldado para ver si se podían declarar objetores de conciencia. Menudas semanitas llevábamos, además el tiempo, parecía que había dejado de andar para delante, y los días eran auténticamente eternos.  Joder, pensaba, y no llevamos ni un mes…

Read Full Post »

Lo más duro durante esos primeros días de U.I.R. eran las tardes al volver  de la calle al cuartel. Poco a poco nos íbamos acostumbrando a ese otro cuartel enorme que era la ciudad con todos sus inconvenientes, pero después de un rato en un mundo casi civil, subir la carretera de cabrerizas y entrar en Santiago era un mal trago.

Lo único que merecía la pena en esos días era la compañía pues  estar solo podía convertir la existencia en un infierno interminable. Gracias a mis inolvidables amigos nunca tuve esa sensación. Sí que es cierto que sentía mucho estar distanciado de mi gente y sobre todo mi novia, pero la sensación de soledad que   pude observar en algunos compañeros nunca la tuve.

Una vez cenados, nos hacían formar rectos como palos  en aquellas  noches heladas. Los auxilares paseaban entre nuestras filas intentando descubrir quién iba borracho o drogado para empaquetarlo convenientemente, aunque también se divertían hablándonos o haciendo que alguno saliera de la formación para meterle un puro. Ni un movimiento, ni un pestañeo. Y la cabeza alta, muy alta,  debíamos “verle los huevos a San Pedro”. Entonces empezaba la retahila: Primero a pasar revista. Después los servicios, imaginarias, limpiezas y la temida cocina. Se oían cosas terroríficas sobre ella. Todo el día trabajando sin parar de fregar, barrer y menesteres similares bajo el yugo de los “bisagras”. Esta expresión definía al soldadito que, en vez de tocarse sus cojones, se los tocaba a los de reemplazos inferiores. Podían ser desde inocentes novatadas hasta cualquier cosa que se le pasara al cabrón por su cabeza hueca…

– ¡cocina…!-el instructor gritó los apellidos de los pobres reclutas que pasarían un día en aquel infierno. Al escuchar mi nombre, no pude  hacer otra cosa que mascullar un taco. Al menos, me dije, la haría con mis amigos que habían sido “agraciados” también con el premio.

Al día siguiente, después de desayunar nos condujeron a la cocina del acuartelamiento Santiago.

Era una caos lleno de ollas gigantes en un suelo sucio. Había mucho movimiento,  tocaba, perdón, NOS tocaba recoger todos los desayunos, fregar y  barrer el comedor la cocina, lavar una inmensidad de cajas llenas de vasos de cristal. Para colmo, el cabo cocinas era un cabronazo y se entretuvo toda la mañana con nosotros mandando cosas estúpidas con la intención de retrasarnos en lo posible para no dejarnos descansar ni un momento.

Esa rutina diabólica se multiplicaba por tres: desayuno, comida y cena.  Ese día recuerdo que lavé más de mil vasos en los tres turnos. Descubrimos la calidad y la higiene de los que nos hacían y servían la comida, algo poco gratificante por llamarlo de alguna forma.

El trabajo era esclavizante,  durísimo, comparado con esto, la instrucción eran unas vacaciones en Hawaii, pero lo peor llegó al final del día cuando, agotados, estábamos a punto de finalizar y sólo pensábamos en llegar a nuestras literas para descansar

Había llegado la hora de las novatadas. Era nuestra primera cocina y éramos bichines novatos, carne fresca.

Empezaron por  Pedro  cuando le intentaron humillar rompiéndole el mono, ahí empezó la rebelión. Nos podían putear de muchas formas, pero Pedro era intocable, si le hacían algo se lo hacían a todos nosotros. Sólo recuerdo un par de cosas. A nosotros fregonas y escobas en ristre dispuestos a todo por defendernos, y lo mejor. Cuando las cosas se pusieron feas y tres gilipollas de esos fueron a por Pedro, en vez de defenderse físicamente hizo algo aún más poderoso. dijo:

– ¡ Soy abogado! si me haceis algo, cualquier cosa, os meto un puro que os vais a cagar todos.

Más efectivas que una ristra de puñetazos, esas amenazas tan convincentes hicieron que de repente volvieran las aguas a su cauce.   Pocos minutos después salíamos de allí. He de reconocer que yo salí bastante fastidiado. Otro ladrillo en el muro de mi pesadilla, había sido demencial.

El balance de la primera cocina no fue demasiado positivo, pero vinieron más, muchas más, alguna tendrá otro post dedicado.

Read Full Post »