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Archive for 17 enero 2011

Licencia Creative Commons Obra bajo licencia Creative Commons Atribución 3.0 España.

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El barco por fin paró sus motores en el puerto. Rápidamente nos sacaron por unos conductos tubulares similares a los de los acuarios de los zoológicos para apelotonarnos en una explanada donde nos distribuían por destinos.
– Suerte-me dijo mi primo-nos veremos por la ciudad (esa fue la última vez que le vi durante aquellos nueve meses).
A los “afortunados” que nos había tocado el cuartel de Santiago, nos colocaron al lado de un muro enorme en el que, a pesar de estar casi en total oscuridad, se distinguían las luces rojas propias de los cigarros o similares que de vez en cuando aumentaban su intensidad para volver a su estado de reposo. Era un espectáculo. Para esa gente que se escondía detrás de sus cigarros era un show. Lo habían visto cientos de veces y seguro que-pensé-se estaban riendo entre calada y calada.
Había un silencio absoluto sólo roto por las voces de los mandos colocando a cada recluta en su sitio. Una voz ruda y desagradable me ordenó a gritos que formara (una vez más) entre un grupo que a cada momento se hacía más numeroso.
Todo se tornó irreal nuevamente. La brusquedad con la que éramos tratados ahora era aún mayor que la que habíamos sufrido anteriormente. De repente vi a un presonaje cuyo atuendo ya me era familiar. Llevaba el uniforme de la legión con su borla cayendo en medio de la cara. una perilla de chivo y una expresión dura remataba la figura del soldado que, al ver nuestras expresiones, se quiso divertir paseándose entre las filas preguntando con voz medio ronca quién se iba a venir con él al tercio de la legión.
Ni de coña-pensé- va a ir tu puñetera madre.
Una vez contados, a la voz de :¡Rápido, a los camiones! se produjo una marabunta de chicos y petates que pugnaban por ver quién subía primero porque nadie en esas circunstancias quería llegar el último.
Al final, hacinados en otro transporte de “ganado” militar, el camión subió hacia el centro de la ciudad de la que apenas veíamos nada. Había algunas “personas” que, al vernos nos hacían signos de cortarnos el cuello y cosas similares. Me sorprendió que nos hacían una señal que no había visto nunca y que no comprendía el significado. Golpeando la mano plana sobre la otra en posición circular hacían un ruido como de un tapón descorchado. Más adelante comprendimos todo el ritual…
subimos y subimos por calles desvencijadas hasta llegar a una instalación enorme compuesta de varios edificios blancos del estilo barracón. En la puerta donde paramos para que nos dieran el visto bueno pude observar lo que no creí que fuera, en el fondo, posible. Una especie de crespón verde lleno de bandas con la bandera de España coronaba la puerta principal del cuartel y encima suyo conseguí ver la fatídica inscripción: REGIMIENTO MOTORIZADO DE REGULARES Nº 52 seguido del ya famoso TODO POR LA PATRIA.
Regulares. La jodimos. Ahora sí que se vino abajo toda esperanza. Había llegado a “la legión mal pagada”.
Descendimos de los camiones con un frío de justicia y nos pasaron al comedor. Nunca había visto ninguno tan grande: era un vasto salón en cuyas paredes había cuadros con motivos coloniales y bélicos. Ocupando el espacio, un inmenso paisaje de mesas blancas y, alrededor de ellas, unas sillas naranjas de plástico; todas elllas clavadas al suelo.
He de reconocer que no cenamos mal (emperador a la plancha no era mi idea del rancho, la verdad) pero al salir empezó otra vez el show de gritos y maltratos.

Tras coger nuestros datos nos llevaron a lo que iba a ser mi casa durante varios meses: Un barracón enorme como el de las películas de guerra, “amueblado” con algo muy familiar: cuatro filas de literas iguales a las que habíamos montado en Almería; en las viejas paredes colgados, consignas del cuerpo de infantería al que ahora pertenecíamos. Todo tenía un aspecto decrépito, anciano, vetusto…
Al llegar, un soldado uniformado me ayudó a encontrar mi litera y me llevó a una mesa donde otro soldado-bastante más cabrón- me hizo firmar mi incorporación al ejército español hablándome como si estuviera tratando con un animal (el muy cabrón).
Al rato ya tenía mi litera y mi taquilla asignada… justo pegada a los servicios, al final del barracón. Estaba sin hacer y me habían colocado la ropa de cama doblada encima para que la hicera ” a la voz de ya “.
Cuando llevaba media hecha, apareció mi compañero de litera. Era un chico mayor que yo, bastante apocado, con gafas, que estaba sacando cosas de su taquilla.
De pronto una voz resonó con eco en todo el barracón: ” ¡¡ todos fuera con una toalla !! ¡¡ a la puta carrera !! ¡¡ aquí no se corre, se vuela bajo!! .
Tengo que reconocer que me asusté tanto que no vi que me faltaba una manta por poner en la cama. Al darme cuenta, se me vino el mundo encima. Me iban a pillar y no sabía qué me podría pasar.
Entonces mi compañero, me dijo:”venga vete, ya te lo pongo yo, ¡ rápido !.
No lo pensé dos veces, salí pitando medio desnudo con una toalla y unas zapatillas por toda indumentaria.
Allí, en el mes de febrero, a eso de las diez de la noche con un frío polar, estábamos medio en bolas unos cincuenta tíos en formación.
Ateridos de frío, nos llevaron a las duchas. ¡¡ por fin !! una ducha después de 2 días. Era reconfortante sentir el agua caliente caer por el cuerpo hasta que, treinta segundos de reloj después se cortó el agua y el mismo legionario que nos estaba “instruyendo” desde que llegamos nos sacó casi a patadas, para volver a formar, en pelotas prácticamente y mojados en la cruda noche invernal melillense.
Sin saber qué estaba pasando, un grito salvaje retumbó en todo el cuartel :”¡¡ a la puta carrera, al que llegue el último le pego una patada en los huevos !! ” . Tengo que decir que me lo creí totalmente pues llegué el cuarto. Recuerdo que,cerca mío, un compañero tuvo la desgracia de caérsele la toalla y el pobre intentaba sin éxito correr mientras se colocaba, recibiendo toda clase de empujones e improperios de nuestro querido instructor.
Por fin, muertos de miedo y de cansancio, nos dejaron irnos a la cama no sin antes agradecer a mi compañero de litera lo que había hecho por mí anteriormente.
Estuvimos charlando un rato con la gente de alrededor antes de acostarnos en lo que fue lo más agradable del día hasta que otro grito nos mandó a la cama al mismo tiempo que las luces del barracón se apagaban de repente…

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Las luces del polideportivo se encendieron al unísono haciendo que nuestro sueño quedara abruptamente interrumpido. Miré el reloj muy aturdido por el shock y el ruido del resto de reclutas: Las siete de la mañana. Mi primo y yo nos levantamos a duras penas sin tener conciencia aún de dónde estábamos y por qué se oía tanto jaleo a esas horas. Tras lavarnos la cara y poco más, salimos a la gélida explanada donde teníamos que formar.
El sol no había salido aún y la luna llena iluminaba de forma tenue toda la base dando un aspecto espectral a toda la instalación.
Me invadió una extraña alegría (ridícula vista ahora). Había pasado un día, un infernal día, si, pero eso significaba una cosa. Quedaba un día menos para terminar la mili. Había comenzado la cuenta atrás (Eso era moral y lo demás tontería).
Una vez formados, nos informaron de que, por fin, saldría el barco del maldito puerto y que llegaríamos a Melilla por la noche.
Una vez más, volvimos a montar en los camiones de transporte y, hacinados como el ganado, regresamos al ya familiar puerto de Almería.
Nos volvieron a formar (Dios, cómo lo odiaba) y recibimos el billete de nuestro camarote. Desgraciadamente, el reparto de plazas se hizo de forma aleatoria con lo que el camarote de mi primo y el de nuestro amigo sevillano quedaban totalmente separados. Bueno, pensé, nos veremos en cubierta.
Al llegar al camarote, la sorpresa no fue muy agradable: el de los hermanos Marx era, comparado con éste, una casa de esas que salen en “mujeres ricas” o similares programuchos televisivos. Y encima había de ser compartido con tres personas más…
Afortunadamente, los compañeros eran muy buena gente, y el miedo, la proximidad con el destino funesto, o lo que leches fuera, hizo que la estancia fuera por lo menos, agradable.
Al dejar mis cosas, me dispuse a buscar a mi primo.
Lo primero que hice fue subir a cubierta para observar el panorama que era, por llamarlo de alguna forma, desolador: hay varias cosas que hacen que todos seamos iguales: la muerte, el comunismo y, allí lo comprobé, la mili…
Cientos de chicos con pintas de refugiados de guerra (llevábamos más de 48 horas sin poder lavarnos) en grupillos de toda condición, se desparramaban por la cubierta del TRASMEDITERRÁNEA. Sólo la visión de los delfines siguiendo el barco me distrajo de la firme intención de encontrar a mi primo. Después de patearme el barco de arriba a abajo sin éxito y con un mareo impresionante a consecuencia del bamboleo (no olvidemos que era febrero), me rendí y volví a mi camarote.
Allí estaba uno de los compañeros, con una cara de funeral que ya me se me hacía habitual entre todos los que íbamos a Melilla.
Llevaba todo el rato allí sentado y no tenía intención de moverse de allí hasta que terminara el viaje. Era el tipo de tío que muy probablemente sería carne de novatada en su destino, por lo que me dio bastante pena. Para rematar la faena, empezó a contarme su vida, y me vi obligado a levantarle el ánimo. No habíamos llegado al cuartel y ya se venía abajo. Este tipo de cosas, daba a este viaje desde Madrid ya, un aspecto de pesadilla a todo lo de alrededor. Mi cerebro no asimilaba que dos días antes todo era tranquilidad y familiaridad, y que en poquísimo tiempo, se había convertido en un infierno en el que todo lo vivido antes no existía. No estaban mis amigos ni mi familia (solamente mi primo desparecido). Me encontraba en un sitio extraño, con gente extraña, en una situación desesperante, y encima, esa interminable espera. La incertidumbre de no saber qué me esperaba al llegar al cuartel era casi peor.
Decidí no moverme tampoco yo de mi camarote e intentar dormir un poco, cosa que no pude hacer. Mi estado de nervios era cada vez peor según pasaba el tiempo.
Después de estar unas cuantas horas metido en mi camarote con mi compi, entraron los otros dos que quedaban. Ya estábamos llegando y tocaba recoger las cosas y subir a cubierta.
Había llegado el momento. Recogí mis cosas y sin decir ni adiós a mi compañero de camarote (no me pregunteis por qué) subí a ver cómo el barco llegaba a nuestro destino.
Una silueta costera se dibujaba en el horizonte. Se podían ver algunas luces ya que estaba empezando a oscurecer. África, pensé. Nunca creí que lo vería de esta forma. No pude apreciar la inmensa belleza de verla así, mi mente empezó a funcionar a todo trapo pensando en qué sería de mí en ese sitio maldito.
De repente, al mover la cabeza, pude ver a mi primo y nos volvimos a juntar al menos para el final del viaje. Habíamos estado buscándonos sin éxito mútuamente . Del compañero sevillano no volvimos a saber de él.
Por fin el barco estaba lo suficientemente cerca de la costa para ver el puerto de Melilla.
Habíamos llegado. El barco empezó a hacer las maniobras de atraque, había comenzado la aventura…

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EL REGRESO DE LAS MUSAS

Pues sí, tras el apoyo de mi querido amigo Klurosu, ya me quedé un poco tocadillo. Hoy acabo de recibir un correo de WORDPRESS con los resultados de 2010 y , aún pecando de inmodesto, han sido cojonudos. Más de 4.500 visitas solamente este año. He decidido hacer lo posible por mantener el blog vivo si bien, lo más probable es que tenga menos posts que anteriormente. También he decidido por satisfacción personal terminar mis “cuentos de mimeta”, proyecto que casi iba para libro coescrito con mi buen amigo Pere pero se quedó en el camino.
Hala, las batallitas de Filín de Rusadir volverán a dar por saco un poco más. Y al que no le gusten que se joda.

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Los números de 2010

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: ¡Este blog está en fuego!.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 4,500 veces en 2010. Eso son alrededor de 11 Boeings 747-400.

En 2010, publicaste 18 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 71 entradas. Subiste 36 imágenes, ocupando un total de 4mb. Eso son alrededor de 3 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 7 de septiembre con 108 visitas. La entrada más popular de ese día fue LA LICENCIA.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran facebook.com, evasionzone.wordpress.com, mail.live.com, search.conduit.com y 1harga.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por escocia, melilla, fotos de escocia, escocia fotos y imagenes de escocia.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

LA LICENCIA septiembre, 2010
1 comentario

2

AQUEL FALLIDO VIAJE A ESCOCIA julio, 2008
48 comentários

3

DE MARCHA NOCTURNA . octubre, 2009
3 comentários

4

EL SIMULACRO DE INCENDIO julio, 2009

5

REGRESO A MELILLA enero, 2010
3 comentários

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