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Archive for 17 julio 2009

telescopioUn aburrido día de verano, estábamos en  casa de Dani , Raúl y Eva, cuartel general de muchas historias, cuando Raúl nos contó que una vez, desde la terraza de la cocina sin darse cuenta observó a una vecina de buen ver, de nuestra edad, tendiendo la ropa, con tan buena suerte que sólo llevaba un camisón, el cual, desde donde estaba nuestro amigo dejaba ver bastante más de lo que insinuaba.

Automáticamente, se encendió la bombilla. Ese cóctel de hormonas en plena ebullición propio de la adolescencia precoz empezó a desbordar ideas.

El plan sería el siguiente: colocaríamos de forma estratégica el telescopio de Raúl. El siguiente paso sería que Eva, amiga de la susodicha, la llamaría para charlar con ella de cualquier chorrada que se le ocurriera. Si teníamos suerte (serían más o menos las doce  de la mañana), seguiría en camisón…

La única forma de ver todo bien era poner el telescopio en el centro de la terraza apuntando de arriba a abajo directamente. El encargado de hacerlo fui yo. coloqué perfectamente el aparato obteniendo una visión completa de la terraza. Tuve tiempo de observar los barrotes, la ropa tendida y demás cosas propias del lugar. En ese momento Grité:! ya está colocado el telesco…¡ una cara apareció ocupando toda mi visión: la hermana, de poco ver y mucha mala leche me observaba con cara extrañada y de pocos amigos. “ya está arreglado, Raúl” – dije, y me retiré a toda prisa de la terraza.

Era obvio que necesitábamos un plan B, el cual fue digno de los mejores estrategas de la historia.

El plan era el siguiente: Raúl se pondría la ropa de la hermana. Una vez con esa ropa puesta, se pondría una bolsa de basura con dos agujeros para tapar la cara y al mismo tiempo poder ver el “paisaje”. Eva, estaría fuera del ángulo de visión escondida. La historia era que Eva hablaría con la chica mientras Raúl haría “playback” moviéndose, gesticulando con los brazos para que dieran a entender que era ella la que hablaba.

Había un pequeño problema: La ropa era demasiado estrecha, no obstante se consiguió poner un pantalón y una camiseta aunque no se pudiera abrochar y por la camiseta apareciera un ombligo masculino .

Eva llamó a la chica mientras Raúl, con su bolsa de basura negra con dos agujeros para los ojos, salía moviendo la cabeza.

Al poco apareció y … sí, llevaba el camisón (o eso dijo Raúl). “¿por qué llevas esa bolsa en la cabeza?” preguntó. Eva no sabía que decir y el cachondeo que nos traíamos por lo bajo viendo el “playback” era digno de ver. Al poco apareció la hermana que dijo secamente: “quítate la bolsa”. Ahí ya la operación perdió fuerza. Las excusas eran incoherentes y al verse acorralados, tuvo Raúl que meterse para quitarse la ropa a toda prisa y ponéresla Eva que tenía que salir igual ya con la  ropa puesta  para dar el pego… .

Al final se cabrearon las dos hermanas con nosotros y encima ni siquiera pudimos ver el paisaje, excepto Raúl que para esas cosas siempre fue un Crack.

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incendioDon Ángel explicaba en la pizarra esas lecciones en las que, de vez en cuando, para quitar hierro, sacaba a relucir a Ruperto, el adivino de su pueblo,personaje que hacía que toda la clase se quedara ensimismada con sus historias.

Esos cuentos que misteriosamente tenían siempre que ver con lo que estábamos dando en ese momento en clase, se interrumpieron con la llegada del director del colegio.

Hablando casi en susurros, vimos que Don Ángel asentía a todo lo que le decía el “dire” y , una vez se fue, el   profe anunció de forma solemne: ” esta tarde vamos a tener un simulacro de incendio”.

¡Un simulacro de incendio!. Era la primera vez que haríamos eso que parecía tan fascinante y peligroso a la vez.

En el patio, reunidos todos los de la pandilla,  el simulacro era el único tema de conversación, puesto que no teníamos ni idea de en lo que consistía. Carlos dijo: ” te hacen meterte por un tubo desde la ventana de la clase hasta el suelo, el otro día salió por la tele que unos niños se habían quedado dentro enganchados”.

En aquella  época, no llegábamos a los diez años, éramos altamente sugestionables, y las palabras de mi amigo hicieron mella en mí como si de una pesadilla se tratase. Estuve el resto de la  mañana pensando en lo mal que lo íbamos a pasar por la tarde cuando llegaran los bomberos, pusieran todo patas arriba y nos hicieran lanzarnos por ese maidito tubo atrapaniños.

Al salir de la clase de la mañana, camino a casa, Carlos me confesó que a él le pasaba lo mismo, teníamos tanto miedo de bajar por el tubo que no se nos ocurrió otra cosa que saltarnos la clase.

El plan era perfecto: nos llevaríamos tebeos de casa, y nos iríamos a leerlos toda la tarde hasta las cinco escondidos en el edificio de los frutos secos. (la ingeniudad de dicho plan hace que, mientras escribo, me salga una sonrisilla estúpida).

Llegaron las tres. Estábamos en la zona cero, a la hora indicada, ya no había marcha atrás. Sobreviviríamos a ese simulacro, éramos héroes. Ya nos disponíamos a leer nuestros tebeos que hacían que nuestras carteras rebosaran y por cierto, pesaran lo suyo, cuando, un grito nos sorprendió. La madre de César nos estaba regañando con un timbre de voz muy elevado que hizo que, cogiéramos todas nuestras cosas y saliéramos pitando diciéndole que se nos había pasado la hora. El plan había fracasado nada más comenzar.

Carlos y yo, nos fuimos a un soportal escondido, muy cerca del colegio, para así observar cómo los bomberos hacían su trabajo.

Pasaba el tiempo, los tebeos eran leídos poco a poco y los bomberos no aparecían. Ya eran las cuatro y pico. En ese momento empezábamos a comprender nuestro error, aunque era tarde.

El timbre de las cinco daba por finalizadas las clases ese día. ¿dónde estaban los bomberos? ¿ y el fantástico tubo?. Recogimos las cosas y nos fuimos tranquilamente a casa como si no hubiera pasado nada.

Al llegar a casa mi madre me hizo pasar muy cabreada. Le había llamado la madre de Carlos.  Nos habían visto en horario de clase revoloteando por la calle como si tal cosa.” ¿cómo es posible que ese plan, planificado con precisión suiza hubiera fallado?”. Recordar esa ingenuidad infantil, vista ahora desde la perspectiva de los años, me ha hecho escribir este recuerdo borroso de aquel día, por otra parte inolvidable.

Nuestras madres incluso nos separaron. No querían que estuviéramos juntos, cuando únicamente el miedo fue lo que nos hizo cometer esa estupidez.

Al día siguiente, nos dijeron que el simulacro consistió en bajar las escaleras de forma ordenada hasta el patio.

Bendita ingenuidad…

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n1048599719_8El tiempo pasó y aquel día funesto había pasado a ser algo lejano  y confuso. Llevaba una vida mitad onírica mitad contemplativa pues no se podía buscar trabajo ni nada que se le pareciese hasta que me fuera a aquel sitio, ¿como se llamaba? ah, si, Melilla. La única información que tenía sobre esa ciudad era lo que mi amigo Ernesto me decía:

“Es de puta madre, yo me lo pasé cojonudo… “, Decía , y empezaba a hablarme de cosas indescifrables con expresiones como “bichines”, “quedarse de patri” y tantas más que a mí me sonaban a chino.

Un día, al llegar a casa después de una mañana de reunión con los amigos, mi madre me dio un carta que había recogido no hacía mucho del buzón. El sobre llevaba el logotipo del ministerio de defensa, lo que me dio bastante mala espina. Lo abrí ligeramente nervioso. Ahora me acordaba, yo eché una solicitud para irme a hacer la mili, jeje, “pero bueno, queda  mucho para eso”- pensaba.

El contenido de la carta era sencillo: me autorizaban el corte de la prórroga y me destinaban a Melilla, como yo había solicitado. El 14 de Febero salía el tren “estrella” de Chamartín, camino Almería, una vez allí, saldría un barco hasta Melilla. Mi destino final, el acuartelamiento Santiago.

Me quedé pálido. La realidad me despertaba de una hostia y me arrebataba mi privilegiada existencia.

Al comentarlo con mis amigos, la conclusión era siempre la misma. Había hecho el gilipollas. Muchos conocidos míos se habían hecho objetores y no habían dado un palo al agua en los meses que estuvieron “sirviendo”. Comentando a Ernesto sobre el cuartel, sólo me dijo que no lo conocía pero que había oído que se comía bien.” Lo importante, que no te toque en un cuartel de regulares”- Decía.

No podía imaginarme la que me iba a caer encima…

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B.S.O. DEL BLOG

Una de mis ideas para mejorar el blog era ponerle música, una banda sonora acorde con el tema que saliera en el momento de abrir la página.

Desgraciadamente, creo que no es posible hacerlo en este formato, con lo que la solución, un poco cutre, por cierto, es poner el enlace para que se ejecute en otra ventana mientras se lee.

Este bellísimo tema de Pascal Comelade, “Sense el ressò del dring”, ahora famoso por un anuncio, creo que es el ideal para leer las historias de mi alter ego tranquilamente, invitando a parar un ratito esta vida “de mayores” y mirar hacia atrás para recordar lo que fuimos.

 Ahora estoy en un pequeño parón esperando que las musas  vuelvan de vacaciones, no obstante el rincón volverá en breve para celebrar las 10.000 visitas con nuevas “batallitas”

Filín de Rusadir.

 

http://www.youtube.com/watch?v=9QcVncm1d5E

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