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Archive for 23 febrero 2009

001Cada cierto tiempo, cuando ya no tengo espacio, me da por hacer criba de las cosas que hace demasiado que no uso o guardo más por nostalgia que por otra cosa.

En una de las cajas que guardan dichas “reliquias”, encontré lo que queda de la colección de libros “la historia ilustrada del  mundo para niños” de la editorial SM.  Esos libros me los compraban mis padres cuando íbamos a comprar a “JUMBO” o en la  librería del barrio de mis abuelos y contaban los acontecimientos más importantes de la historia con dibujitos y de forma muy amena para los peques, nada que ver con lo que hay ahora.

Ahí surgió lo que sería mi vocación frustrada, la arqueología. Fascinado siempre con la historia y prehistoria, gracias a esos libros descubrí que el pasado remoto es mucho más interesante  que el futuro con todos sus adelantos tecnológicos. Dividido por la historia medieval y los dinosaurios(también existía “la prehistoria ilustrada para niños”), decidí que mi futuro pasaría por las excavaciones y las bibliotecas, para más adelante (sueños de infancia)  ser alguien importante y “descubrir  la atlántida”. Todo esto me trajo no pocos cachondeos en clase, pues me llevaba los libros al colegio y, salvo excepciones, pensaban que eran libros raros para niños raros.

El tiempo  hizo que a todos los que salimos del colegio aún con los sueños intactos,  nos tocara elegir nuestro futuro demasiado jóvenes. Al empezar el B.U.P., todo eran ilusiones. Yo soñaba con ir a la universidad a continuar mi ilusión a la que se había unido también la egiptología.

Desgraciadamente, mi mala cabeza, una edad del pavo terrible y la falta de estímulos provocó que el destino me diera un portazo cruel, inmisericorde, haciendo que todas mis ilusiones se fueran al garete en un tiempo récord. Siempre me pregunto qué habría sucedido si yo me hubiera sacado mi carrera y las especializaciones que tenía en mente cuando quería comerme el mundo.

Al final, me tocó regatear con el maldito tiempo, ese mercader de sueños que te pone demasiado caro lo que una vez pudiste conseguir gratis.

Conseguí con bastane esfuerzo reconducir mis vocaciones hacia algo que no tenía nada que ver y  mi última oportunidad de no quedarme en el camino: la electrónica. Descubrí que no se me daba mal y así continué mi formación “postiza” haciendo cursos de reciclaje contínuos hasta que conseguí entrar en la universidad para realizar la ingeniería informática (nuevo giro profesional, por cierto).

Todo iba más o menos bien, pensé que podría con ella hasta que graves problemas de salud me hicieron desistir definitavamente haciendo que al final no pudiera cumplir ninguno de los sueños profesionales en mente.

No considero que esté mal situado, pero, al abrir las páginas de aquellos libros desgastados y pintados por mis hermanos cuando eran pequeños, no puedo evitar pensar en lo que pudo ser… .

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image0781El gobierno militar era un hervidero de jóvenes que hacían fila para poner en orden su obligación para con su patria.Se repiraba un ambiente de nerviosismo, miradas de reojo y camaradería ante la situación que se avecinaba.

-Has puesto una cara como si te hubieran el sello en los huevos- Dijo Antonio.No me quedó otro remedio que asentir con una sonrisa, aunque mi cabeza no había asimilado con nitidez lo que había pasado.

Una semana antes aquel mismo funcionario nos había dicho que el único destino posible era Melilla.Alberto y Antonio, compañeros en la misma situación,directamente se negaron a aceptar.A mí me costó ir dos veces más pues cuando me iba a tocar el turno, escapaba totalmente desencajado.

-Por favor, despejadme el sitio- dijo el funcionario visiblemente hastiado. Salimos los dos con una sensación de incredulidad ante la insensatez que había cometido.Lo había hecho, resonaba constantemente en mi cerebro. Había Acabado con mi vida civil y firmado nueve meses voluntariamente a donde nunca se me hubiera ocurrido ir ni siquiera de turismo.

-Joder,-dije, pensando en la suerte que había tenido el “Yupi”. Él ya llevaba tres casi meses en León y por no haberme ido con él antes, ahora sólo quedaba irme a Melilla, ciudad de la que sólo sabía que había mogollón de drogas y que de ahí solamente saldrías “emporrado” perdido.

El viaje de vuelta se hizo más corto que de costumbre.Los andenes de la estación de García Noblejas, parecían más oscuros y la poca gente que se bajó con nosotros  había desaparecido de nuestra vista.

-Bueno Felipe, que tengas suerte-dijo Antonio y nos despedimos en aquel barrio de Bilbao, en un día frío de noviembre, con la sensación de haber cometido una insensatez de libro.

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mili13Esta foto pertenece al día antes de que se licenciara mi buen amigo en la mili  José María. Fueron nuestros últimos bocatas de pincho melillense, plato éste que echo de menos y durante años estuve intentando conseguir o hacer en casa sin éxito.

Nos conocimos el primer día  cuartelario de aquel febrero maldito de 1996, día tambiénen el que conocí a mi GRAN amigo Pedro. Yo, como la mayoría de los que allí nos hallábamos,  estábamos más asustados que unos conejos, pero la casualidad hizo que nos juntáramos en el grupo de literas unos cuantos que a la postre formamos la pandilla por lo menos durante la UIR.

Ahora me vienen a la mente mis compañeros, buenos amigos, José María, Pedro, Juan, Javi, Ángel…  . Curiosamente nos hicimos buenos amigos enseguida, compartíamos unas aficiones y desdeñábamos  otras más usuales para el soldado de reemplazo en Melilla.(no daré detalles).

Sólo he mantenido relación con Pedro, con el que coincidí en la compañía, y muy a mi pesar, ya tenía aceptado que  no volvería a ver a ninguno de los demás… hasta ahora.

Gracias a mi compañero de trabajo Óscar, que me invitó a esa red llamada FACEBOOK, descubrí un montón de gente que se había registrado y puesto  sus datos a disposición de cualquiera. De pronto, me vino a la mente, quizá hubiera suerte.. metí los datos y…. apareció. Mi amigo José María sí estaba en dicha red, recordé que era muy aficionado a la informática (gracias a él descubrí el LINUX), aunque de los demás no pude hallar nada (lastima por Javi, que me dio su teléfono y yo torpemente lo perdí al llegar a Madrid).

Estuvimos largo rato charlando, trece años sin vernos ni hablar y era cómo si no hubiera pasado el tiempo; volvíamos a 1996  y , aunque estábamos separados 700 kilómetros, una vez más, la distancia tanto temporal cómo espacial se relativizaba y se convertía en un mero concepto.

Ahí estábamos, como cuando deambulábamos sin rumbo por el paseo de Melilla,  guitarra en mano, hablando de nuestros proyectos para cuando se acabara la mili.

Lo que más me gustaría en este momento sería repetir la foto, trece años después, y volver a estar  con mis amigos de la mili, a ser posible en el mismo sitio.

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